sábado, 10 de noviembre de 2007

Uno


***

Una mirada. El dedo sobre el interruptor de la luz. La persiana bajada.
Un tambor rojo que empieza a sonar y sacude el alma, dando paso al movimiento y al susurro, a los cuerpos y al calor, a los nudos de las sábanas...

Gánate mi voz, mírame con las manos y regálame tu aliento, tus ojos, tus brazos, tu dorso, tu torso, tu vientre, tu vida; dámelo todo en este momento que es solo nuestro, de tí
y de mí, de nuestros labios. Gánate mi voz, sorpréndeme con tu ira y tu ternura, con el ritmo de un tambor que nunca deja de latir, y llévame con fuerza a la seguridad de un abrazo. Ayúdame a olvidar las matemáticas que nos enseñaron, donde uno y uno son dos, para sumar dos y obtener uno.
Como un acorde, con su tónica y su dominante, vibrando en cada respiración, dejando los sueños a parte y palpando la realidad del tiempo infinito, de la piel, de los abrazos y de esta habitación.

***


jueves, 20 de septiembre de 2007

Siempre

La respiración, los ciclos lunares, la menstruación,
La metamorfosis, la subida de las mareas, los parpadeos,
las órbitas de los planetas, las horas,
las estaciones del año, el amor y el desamor,
la cultura, el sexo , los latidos del corazón,
el tropismo de un girasol, la deglución
el infinito, la vida, todo.



He visto, ví y veré tantos amaneceres...
Se que te conocí antes, no me engañas.
Lo dice el brillo de tus ojos, tu sonrisa,
mis latidos y el pelo que se me eriza.
Lo dice mi memoria y la de los otros que fueron yo
y la de aquellos que también fuiste tú.
Como el crepúsculo, como las horas de un reloj,
cogidos de la mano, volando juntos.
Tú y Yo. Siempre.
Una y otra vez,
unidos en el tiempo.

viernes, 29 de junio de 2007

momento pupil.

...y en un beso te diré todo lo que he callado.


anónimo.

miércoles, 20 de junio de 2007

... y los grillos, sus hermanos.

Sangre llora, alma grita, sol bosteza, y abre heridas.
Forja sombras en la noche, y quema guerras en su coche.
Sin caber en su zapato, sin las vidas de su gato.
Teje miedos distraida con las trenzas de su vida.

No se oye ni un murmullo con la luna en un capullo.
Sabe a gloria, miel y pena; ya no arrastra su condena...
Lentos pasos de tortuga, va sin prisas la cordura
y abre huecos en la nieve la sonrisa que no tiene.

Inaudita y absoluta. Fiel, osada, mal de hambruna.
Ya no finge, ya no miente, y ya no crece la simiente.
Ruinas firmes sin cimientos que marcaron los comienzos.
Viles tramas de pintura sobre lienzos de amargura.

La guiaron a su muerte, pobres hombres desdichados
los maldijo allá en su tumba y mil sirenas le cantaron.
Flor de loto sin un trono, lis hedionda sobre fango.
Grita fuerte, criatura, con tus restos inhumanos.

Mil memorias y un recuerdo, mil caricias sin su dueño
que en el tiempo perduraron con los grillos, sus hermanos.


(habré de retocarla...)

lunes, 18 de junio de 2007

toc toc, toc toc.


toc toc...

toc toc....

toc toc....

A Lumier le gusta dormir. Dice que el sueño repara su alma, y prepara su mente para lo que vendrá. Lumier no sueña realmente, simplemente desconecta, se apaga, y cuando amanece, Lumier no es el Lumier de ayer, sinó el de hoy. Le encanta abrir los ojos poco a poco, y mirar el despertador y ver que aún queda un minuto para que suene, y se entusiasma con pensar que ha sido su propio reloj interno, o tal vez la luz del sol quien realmente abrió sus ojos a la hora precisa. Lumier cree en la magia de las cosas vivas. Lumier está y se siente vivo.

Lumier habla en tercera persona de sí mismo, porque a día de hoy, al no recordar quién fue ayer, piensa que si en un futuro vuelve a leer lo que piensa, no entenderá por qué piensa tales cosas un ser que habla en su lugar, pero que no es él. Lumier tiene algo raro que contar. Algo que tal vez un día cuando vuelva a no ser él, le permita recordar... Es una cosa particular, que nunca a nadie ha contado.

Lumier tiene un agujero en el vientre, y si se descuida se le salen las tripas mientras camina hacia el trabajo, porque siempre olvida al salir por la puerta lo fácil que es ponerse el vendaje bien, y lleva puestas las vendas de a saber qué otro día...y por eso, su herida nunca cicatriza y del esfuerzo, se abren los puntos todas las mañanas, desde hace...almenos un día. Muchas veces no comprende por qué sigue sin dar solución a su pequeño problema, pero no parece importarle. Lumier se las sabe arreglar para que nadie note su pequeño defecto; sabe disimular, y camina firme aún sabiendo que las cosas en su estómago no van bien. Sabe que al día siguiente, tras un reconfortante sueño, el nuevo Lumier seguirá vivo, y tal vez recuerde cómo vendar su horrible herida de nuevo.

Pero en realidad ese no es su secreto, ni la cosa que realmente quería contar. Su mayor secreto, por el hecho de ser un secreto, y aunque mañana tal vez no lo sea, no lo puede revelar por aquí, porque ante todo sabe respetar ciertas cosas y porque sabe que alguien como tú puede estar leyendo sus pensamientos ahora mismo. Lumier no quiere contarlo, no, porque siente rabia y un sabor amargo, mas no le importa que lo descubras por tí mism@...si no lo has hecho ya.

***
Toc toc, toc toc.
Hay algo que Lumier no tiene,
Toc toc, Toc toc.
Hay algo que a Lumier le hiere,
toc toc, toc toc.
y le duele sin poseerlo,
toc toc, toc toc
y lo extraña tanto en su seno...
Toc toc, toc toc.
y Lumier se apaga y enciende,
toc toc, toc toc,
Y Lumier no lo comprende,
toc toc, toc toc,
Pero sí sabe que algo le falta
toc toc, toc toc
Y no es su boca o su garganta,
toc toc, toc toc.
y no es un hueso, ni tampoco un diente,
toc toc, toc toc.
sino su músculo intermitente.

***
Lumier se siente vivo cuando abraza, porque Lumier siente sus tripas en su lugar cuando contactan con otros vientres. Y puede abrazar con sus dos manos sin sujetar ningún vendaje. Y le encanta apoyar su cabeza en el pecho de otros, y oir los susurros de su organismo, y sentir que almenos ellos tienen "eso" de lo que se le privó ya no recuerda cuándo, porque cuando Lumier se despierta, no es el Lumier de ayer, sinó el de hoy. Por eso lumier no quiere estar solo. Lumier no es fuerte en soledad. Lumier se cae en pedazos. Y lo único que sabe es que tal vez un día, al abrir los ojos aún tumbado en su cama, su nuevo yo vea la luz y recupere su cordura, y cosa puntos en su ranura, y cure su herida para siempre, y sus tripas queden en su vientre, y note que la sange aún fluye, y note pulso...toc toc.

Lumier es feliz, y no quiere que piensen que está triste, solo es que está vacío, y echa de menos de vez en cuando a todos los que cada noche deja atrás, y a todos a los que cada día conoce, porque Lumier despierta y ya no es Lumier, y no recuerda ni su nombre... Lumier tiene sueño.
Lumier bosteza, Lumier piensa que recostado sobre la almohada escribirá más cómodo. Lumier piensa que...

toc toc... toc toc... toc toc...

Algo despierta a Lumier.

A Lumier le gusta dormir.
Dice que el sueño repara su alma, y prepara su mente para lo que vendrá.
Lumier no sueña realmente, simplemente desconecta, se apaga, y cuando amanece,
Lumier no es el Lumier de ayer, sinó el de hoy.
[...]

viernes, 18 de mayo de 2007

El precio de mirar







Érase que se era una niña que gozaba mirando el sol.

Lo miraba por las mañanas, por las tardes,
al ponerse, todos los dias.
Ahora ya no ve.

martes, 27 de marzo de 2007

Abrir los Ojos.

Sujetando el planeta con los hombros había un busto desnudo y decapitado. Tenía entre sus brazos un bebé gigante, sin manos ni piernas, y con tan solo un ojo en el lugar donde debería estar su boca. La tierra era dorada, y el mar de color púrpura. Una leve brisa abanicaba las montañas invertidas, cuya cima tocaba el suelo y sus faldas se abrían paso entre la atmósfera infinita. Una muñeca de porcelana vigilaba todo desde su butaca llena de polvo, que reposaba firme sobre el hombro izquierdo de un gigante verde, que levantaba su cabeza por encima de las nubes y podía con sus soplos desplazar a su antojo las tres lunas que iluminaban el cielo en las noches despejadas. Una de las lunas era gaseosa y, tras fuertes soplidos, a voluntad o por descuido del gigante, se desmoronaba en una niebla espesa que descendía a suelo firme y generaba un océano de niebla rosada, que pronto se llenaba de algas pardas gigantes a las que ataban sus pies nutrias aladas, mientras dormían o partían nueces de manzano sobre sus panzas, azotándolas con pajarillos de piedra, que suspendían eternamente en los cielos bajos del planeta. Las otras dos lunas eran de metal y, si por casualidad chocaban una con la otra, generaban truenos que se abrían paso entre las faldas de las montañas y generaban enormes agujeros en la tierra, de los que brotaban miles de enredaderas sin fin, que crecían hasta llegar a ninguna parte, y formaban entonces tortuosos frutos, de los que surgían los pájaros de piedra, que quedaban suspendidos eternamente en el aire, esperando a ser olvidados para descender y descansar en la tierra con sus hermanas rocas.
Cada vuelta que daba el planeta generaba unas pequeñas turbulencias, que suspendían en el firmamento parte de los océanos de niebla rosada sobre los que descansaban las nutrias gigantes y las algas pardas y entonces, cuando esto sucedía repetidas veces, se conformaba espontáneamente una nueva luna de gas rosado, que vagaba sin rumbo alrededor de Realidad hasta ser disgregada de nuevo a antojo del gigante.
Amanecí un día entre jaulas de asfalto y metal, rodeado por ruidos ensordecedores. Ni rastro del mundo que yo conocía. Busqué por el cielo a las montañas y a mi preciosa reina de porcelana y a su mirada tierna, pero solo encontré un espacio azul infinito, y gente perdida bajo este sublime techo, con miradas opacas, y criaturas encerradas tras sus ojos, que ansiaban por salir de sus cuerpos y sus rutinas, y volar más allá del vacío, y encontrar el amor universal del cual se les había privado desde su nacimiento. En Realidad, estando solo por ser el único de mi especie, jamás me sentí tan triste y pobre de corazón como en aquel planeta tan inmenso, con tanta gente como yo. Humanos con los corazones arañados por el dios tiempo, con vidas efímeras, pero absurdamente resignaados a seguir atados a una realidad creada por ellos mismos, incapaces de sentir las caricias de un mundo al que se han negado por su propia voluntad, y al que no son capaces de acceder, porque han perdido la orientación tras sus máscaras de rutina. Me sentí solo, olvidado, por primera vez lloré de pena y caí en un sueño profundo, en medio de lo que podría ser todo, pero que era la nada.
Abrí los ojos. Miré asustado a mi alrededor, y allí seguían para mi tranquilidad mis nutrias, mis tres lunas, mi muñeca de porcelana, mi gigante verde, mi bebé con un ojo en lugar de boca, mis pájaros flotantes de piedra, mis enredaderas y mi busto desnudo. Tenía sueño y algo de frío, pero sobre todo miedo de volverme a dormir y despertar de nuevo convertido en uno más de Ellos, resignado a la cotidianidad de los días, arrastrado por el tiempo y encarcelando en mí mismo un espíritu sediento de libertad, que agonizara con la brevedad de los días tras unos ojos que no vieran más que lo que les enseñaron a ver, incapaces de descubrir nuevas fronteras por sí mismos. Me resistí todo lo que pude, pero el sueño no es rival, porque siempre gana. Finalmente caí dormido en las brazos de Realidad, con la angustia de la derrota y sumido en mis temores, aunque con una idea firme en mi cabeza, que repetí para mí mismo incesantemente sabiéndome vencido:
"en caso de despertar en otro lugar, ABRE BIEN LOS OJOS".

Ya No Me dices Nada


Ya no hay reproches; se los llevó alguien en el bolsillo de su pantalón. Alguna vez fueron lanzados con claras intenciones, con metas claras, con fines concretos…. Fueron caricias en la nada, y las oías, pero no te tocaban...
Y ahora no estás aquí, cerca, ni me oyes allá, lejos, mientras mis pensamientos te miman sin que lo sepas, y mis ojos vuelan de vez en cuando hacia tu boca, y mi boca vuela corriendo hacia tus ojos, y mi mente sigue jugando a que te quiere, y yo sigo jugando a no sentirte, y mientras tu...
Tú no me oyes desde allá, lejos, ni mi voz ya te toca, y parece que nuevos besos hayan cerrado tu boca....
Y me conformo con no tenerte, porque te siento aún no estando aquí para sentirte; me conformo también con olvidarte, porque a veces sueño que aún me recuerdas y me consuela que, aún sin poder tocarte, solo y a oscuras puedo notar aún tus caricias sobre mi cara.
Parece que los ojos se me hayan volado, y que tenga incontinencia en la boca, y también en las manos,
Y preferiría que los ojos no se me hubiesen volado, porque me oyes desde lejos, y mi voz ya no te toca.
Ira, rabia y un alma rota.
Y aún más odio cuando callas, que sigas ausente; porque para ti yo también lo estoy, y me oyes desde lejos, y me oyes, y me oyes... pero mi voz... mi voz ya no te toca.
Y lo que más detesto de que no estés es que tu silencio me golpee en lugar de acompañarme; y que tus palabras no me lleguen ni aún cuando estás cerca.

No, no me gustas cuando callas, porque insultas sin decir palabras. Ya no escuchas, ya no hablas. Y mis ojos aún vuelan en busca de tus verbos, que ya no son para mí. Y me arañas aún por dentro, porque auque no hables puedo oír tu silencio insultante.

Sí, mis ojos aún vuelan sedientos de percibir un solo gesto en tus labios, diciendo frases que mis oídos no se cansan de esperar... pero no ven más de lo que oyen, y no escuchan más de lo que ven. Por eso enmudecen ante una sola imagen tuya, porque ya no les dice nada.

Ya no me dices nada.

Una decisión.

Algo ha despertado a Martina. De repente siente más intensamente todo lo que ocurre ahí fuera, fuera de sí misma, fuera de aquella habitación. Sigue con los ojos cerrados, y nota como el viento que penetra por la ventana mueve su cabello, que cuelga de un lateral de la cama. Una dulce sonrisa se dibuja en su cara. Parece que la noche revele sus misterios muy cerca de allí, sin miedo molestarla, sin temor a desvelar su sueño...
Martina sonríe por dentro porque siente que es capaz de engañar a la noche. Cuánta emoción en un cuerpecito tan pequeño. Cuántas cosas siente sin oír palabras claras. Cuántos secretos desvelados. Cuántas verdades abanican sus oídos. Es casi insoportable. Quiere conocer la dama que grita fuerte en mitad de su sueño. Abre los ojos despacio para ver a quien cuenta sus secretos.
Solo paredes, oscuridad. Se asoma a la ventana.
Silencio.
La noche es perfecta. Una gran luna en medio del cielo, miles de estrellas, calma,…demasiada calma. Martina no está tranquila, algo la inquieta. Con los ojos abiertos ya no se oye la voz de la noche. Ella es solo una más entre todos a los que la noche abraza. Solo quiere sentirse querida. No quiere ser una más. Martina ya no quiere volver a estar sola. Martina toma una decisión.
Para Martina la noche se hizo corta. Sus pupilas dejaron de moverse pronto bajo los párpados. Sin causa aparente. Una muerte súbita. Una última exhalación y el silencio absoluto. El viento que penetraba a través de la ventana movía delicadamente su cabello liso, que colgaba de un lateral de la cama, y en su cara, una dulce sonrisa.