Al principio fue el verbo y el símbolo, las palabras y la voz que acaricia alguna parte de la retina y del cerebro. Después fue la incertidumbre y la esperanza, el nerviosismo y la atención centrada en los pequeños gestos que dicen que sí, que parece que hay vida en otros planetas. El durante fue menos emocionante. La rutina y el desengaño, y la lucha asfixiante contra lo que somos y no se ve, porque los cristales que nos cubren suelen ser ahumados, opacos y algo reflectantes. El después fue una mala digestión tras un empacho navideño, un constante sabor a ajoaceite que no se va. Lo que queda es una oración interrogante más que una conclusión fnal, son acontencimientos que eran probables y que ya no lo son, porque en el durante ya me encargué yo de minar mi vida con vínculos que ahora no quiero que lo sigan siendo.
martes, 27 de diciembre de 2011
Sobre Lo Que (No) Queda Después
Al principio fue el verbo y el símbolo, las palabras y la voz que acaricia alguna parte de la retina y del cerebro. Después fue la incertidumbre y la esperanza, el nerviosismo y la atención centrada en los pequeños gestos que dicen que sí, que parece que hay vida en otros planetas. El durante fue menos emocionante. La rutina y el desengaño, y la lucha asfixiante contra lo que somos y no se ve, porque los cristales que nos cubren suelen ser ahumados, opacos y algo reflectantes. El después fue una mala digestión tras un empacho navideño, un constante sabor a ajoaceite que no se va. Lo que queda es una oración interrogante más que una conclusión fnal, son acontencimientos que eran probables y que ya no lo son, porque en el durante ya me encargué yo de minar mi vida con vínculos que ahora no quiero que lo sigan siendo.
martes, 17 de mayo de 2011
"Vacío es lo que queda cuando no hay nada"
"Vacío es lo que queda cuando no hay nada"
Emplear el lenguaje ayuda a expresar aquello que se entiende. En el caso opuesto, conceptos difíciles de asimilar para el alma humana son retorcidos y manipulados hasta que cobran un sentido ficticio que a todos complace. Entiéndase entonces lo aberrante de atribuir al vacío un volumen perceptible únicamente cuando la ausencia de todo deja de existir.
martes, 2 de noviembre de 2010
APRosa

***
[…] Hoy, en uno de esos momentos en los que desconecto, de nuevo he decidido imaginar que te quería. A la vista de cualquiera (incluyéndome a mí mientras escribo esto) este asunto puede resultar un tanto ñoño, cursi, rosa palo. Pero no lo puedo evitar, te veo y es lo que me sale, disfruto con ello; no miento si digo que me encanta. Amarte así es como un caramelito que comes a deshoras para matar el hambre. Ni a mí ni a nadie le amarga un dulce, y menos con este contenido.
Tu imagen, finamente conservada desde la primera vez que te cruzaste frente a mi retina con esa camisa fucsia y esa americana, vuelve a mí años después. Somos animales visuales, está claro. Seguramente no sería capaz de distinguir tu voz si pudiese escucharte ahora mismo, ni tampoco tus gestos o tu forma de andar. Creo que ni siquiera recuerdo con certeza si me caíste especialmente bien. No obstante, la orografía de tu cara sí me la sé, al dedillo. Impecables y sigilosos, los fotones de luz reflejados por tu faz se colaron en mis pupilas y se abrieron paso por el entramado de nervios que comunican con el cerebro y, una vez allí, silenciosos y pacientes aguardaron escondidos en algún lugar hasta nuevo aviso. Te quedaste dentro, y lo veo claro ahora.
Ahora regresas y lo que sé de ti no dista mucho de lo que recuerdo que, en gran parte, se codifica en el mismo formato (en formato jpg), solo que aderezado con palabras que leo e imagino que pronuncias. Y sabiendo eso, que es tan poco, no siento que mi amor sea pobre, poco intenso o superfluo. No me cuesta imaginarme a tu lado viendo amaneceres a través de una ventana perfecta, llevándote un copioso desayuno sobre una bandeja a la cama, o besándote mientras te abrazo en una noche de tormenta, con Damien Rice como fondo sonoro.
Hoy he vuelto a pensar en “lo nuestro”, y realmente no me parece tan cursi. Cada vez, de hecho, se me antoja más práctico. Al fin y al cabo, éste, nuestro amor, reúne las cosas más bonitas de una relación, que para mí, justo son las que ocurren antes de.
Cuando llega la primera caricia, el primer beso, el primer contacto físico, el primer te quiero, … se apaga en gran parte el yo ocurrente y sagaz, que te impulsa a la búsqueda de cruces de miradas, de ese roce accidental, ese guiño, ese gesto, ese detalle minúsculo cargado de macrosignificados. Se derrumba la idolatría, la devoción absoluta hacia esa figura que ansias amarrar entre tus brazos, tus labios y tus piernas. Cuando tu objetivo es alcanzado, gran parte de la energía creativa se disipa, y lo que queda, te pone en otro lugar mucho menos atractivo para mí, pero no menos necesario. La paz y la seguridad proporcionada por la rutina empobrecen el alma del romántico y del artista.
Me gusta quererte cuando quiero, imaginar que todo es cierto cuando me interesa, saberme capaz de, un día, llamar a tu puerta y, antes de que salgas del shock, buscar tu lengua con la mía, sin posibilidad alguna de rechazo. Me encanta contener esa emoción y dejarla reposar, ver hasta dónde llega, comprobar si se extingue la llama, cuánto puede durar, en qué se transforma. Me entusiasma, más que amarte desde lo onírico, que respondas desde lo virtual, haciendo más palpable algo que es casi metafísico. Jugar a quererte me llena y me pone de buen humor. Creo que no miento si te digo que te quiero como a nadie, y que no poco es lo que te quiero.
viernes, 8 de mayo de 2009
Glace Kelly
Si estuvieses aquí lo entenderías. Todas estas dudas, este lío de ropa sin lavar, este largo viaje a la incertidumbre. Hace tanto tiempo que dejé de sumergirme en tus ojos al abrir los míos que ya no recuerdo apenas qué se siente en un instante tan fugaz como ese, cómo se está de bien bajo el abrigo de tu mirada cálida, o la tranquilidad que proporciona un abrazo desde el lado derecho de esta cama, que ahora está cubierta de nieve.
1, 2, 3, 4
Los cuatro tambores golpeaban fuerte, intercalando sonidos de forma caótica, sobre ese rectángulo acolchado, repleto de manos, piernas, espaldas, dorsos, torsos y amor. Y fuera, no muy lejos del manojo de extremidades, sonando constante y fuerte, el aullido cansino de una fuente circular, recordándonos a todos en cada instante que aquello no era nuestra casa ni la del otro, que aquel era el momento y el lugar compatido por aquellos cuerpos compartidos que decidimos abrazar juntos en esa noche de cuatro, cuatro bocas, cuatro aristas y un final feliz.
Pseudovoyeur.
A lo largo del día se quita los ojos varias veces; es su afición perversa. Todo ser humano tiene derecho a observar, a mirar como quiere. A él le gusta hacerlo con sus órganos visuales al descubierto, entre toda esa niebla blanca. Le encanta rechazar con los enfoques al vacío, centrar su campo visual en un objetivo y excluir al resto, obnubilarse en las formas, pero no tanto en los detalles; en el movimiento en sí, no en las familiaridades de los rostros o de las señales que marcan los cuerpos como un mapa. Quizás venga de ahí su pésimo sentido de la orientación. Al fin y al cabo, las calles y las paredes no se mueven, y lo único que hacen es acumular detalles que a él le encanta excluir de su cerebro, para buscar remolinos efímeros, melenas al viento o escuchar voces de esas que pintan cuadros para sus ojos sin percatarse nadie de ello.
viernes, 3 de abril de 2009
Underwater Love (Precuela).

Dudas. Mirada al frente, autoconvencimiento. Más dudas, paso, paso, paso. Pasos cada vez más firmes. Más pasos, pasos que se aceleran, zancadas (agitación), otra más, y otra, y otra, zancada, zancada, zancada, salto, salto (126 pulsaciones/minuto), salto (el umbral se acerca, no hay marcha atrás), salto, salto final. Blanco.
Los pies se despegan del suelo y los ojos se cierran. Las piernas se siguen moviendo. El vacío se hace patente. Viento fuerte, pánico, agitación, caída en picado. El final está tan lejos y su naturaleza es tan difusa entre toda esa niebla que a uno le da tiempo a disfrutar de la hiperoxigenación y de la aceleración gravitacional a 9.81 m/s2. Entusiasmo, agitación y el corazón dando lo que puede de sí.
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