Los cuatro tambores golpeaban fuerte, intercalando sonidos de forma caótica, sobre ese rectángulo acolchado, repleto de manos, piernas, espaldas, dorsos, torsos y amor. Y fuera, no muy lejos del manojo de extremidades, sonando constante y fuerte, el aullido cansino de una fuente circular, recordándonos a todos en cada instante que aquello no era nuestra casa ni la del otro, que aquel era el momento y el lugar compatido por aquellos cuerpos compartidos que decidimos abrazar juntos en esa noche de cuatro, cuatro bocas, cuatro aristas y un final feliz.
viernes, 8 de mayo de 2009
1, 2, 3, 4
Los cuatro tambores golpeaban fuerte, intercalando sonidos de forma caótica, sobre ese rectángulo acolchado, repleto de manos, piernas, espaldas, dorsos, torsos y amor. Y fuera, no muy lejos del manojo de extremidades, sonando constante y fuerte, el aullido cansino de una fuente circular, recordándonos a todos en cada instante que aquello no era nuestra casa ni la del otro, que aquel era el momento y el lugar compatido por aquellos cuerpos compartidos que decidimos abrazar juntos en esa noche de cuatro, cuatro bocas, cuatro aristas y un final feliz.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario